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Luisleo Magazine

¿TikTok, Instagram o Viceversa?

Poradmin

Jul 24, 2021

La encrucijada de las empresas y sus redes sociales

La utilización del móvil se ha convertido en un asunto de supervivencia para cualquier persona, lo usamos a diario y no entendemos cómo, pero cada vez más estamos enganchados a él y a las redes sociales que nos conecta.

Como un dato curioso, las redes sociales nacieron mucho antes que Internet. Quizás no lo sabías, pero los radioaficionados representan, aún hoy en día, a la primera red social con el uso de tecnología. En esa red social las personas hablan, discuten, se reconcilian, pero todo hablado, sin fotos ni bailes. Ya las redes sociales como las conocemos hoy, se presentaron en su momento como una idea genial para que familias se reencontraran, colocar las fotos de tu cumpleaños o el vídeo de los primeros pasos de tus hijos. Luego surgió Tiktok, allí parecía gracioso ver a un chico/chica haciendo un baile o haciendo bromas y chistes. 

Pero conforme pasan los años, y ahora con la pandemia, el asunto se pone cada día más complicado. TikTok, por ejemplo, ofrece la posibilidad de poner unos carteles y alguien en un minuto termina dándote una lista de consejos entre los cuales encontramos: asesorías legales, en temas que sin duda no se pueden explicar en un minuto, psicólogos dándonos consejos para la depresión, supuestas periodistas expertas en asuntos íntimos, inversores que invitan a comprar bitcoins y, obviamente, un sin número de empresas tratando de vender sus productos con muchas deficiencias y poco asesoramiento en marketing digital.

Las empresas no tienen claro el horizonte, pero si entienden que hay mucho dinero en las redes sociales. Influencers ofrecen patrocinar productos a cambio de dinero o por intercambios de servicios (Hoteles, restaurantes, etc). A muchas empresas les funcionan los influencers; los “famosos” de la televisión y la radio están día a día perdiendo protagonismo y obviamente clientes.

Pero, ¿Cuál es el influencer correcto? Aquí entramos en un tema muy oscuro. Si una empresa anuncia su producto con una chica delgada y guapa, es muy posible que 900 personas les critiquen por machistas. He puesto a propósito 900 personas, por tomar cualquier número al azar, pues ese número de “críticos” es una variable que sería considerada por muchos como el fracaso de una campaña publicitaria. Es decir, somos millones de clientes en España, pero 900 se ponen de acuerdo para criticar un producto o un servicio y automáticamente esos 900 se adueñan de la frase “Todo el mundo” critica lo que habéis hecho. He visto casos peores, una o dos personas que opinan en las redes “algo” más o menos con sentido y se vuelve una conversación y debate en todas las esferas y niveles de una empresa multinacional. Le estamos dando demasiada importancia a una sola opinión (o a 900 opiniones).

Ya sabemos las presiones que recibió Quaker para cambiar el logotipo de su anuncio de la Tía Jemina (Aunt Jemina) pues era inspirada en una mujer de color que servía a sus amos. Se trataba de Nancy Green, una ex esclava, que fue la primera mujer en aparecer como imagen de la marca en 1890. Más de 130 años después dudo que alguien se acordara del asunto, pero muy probablemente 900 personas indicaron que eso es un estereotipo racial, lo cual no dudo de que sea cierto, y por eso las tortitas de la Tía Jemina ahora se llaman “Pearl Milling Company”.

Si su empresa, por ejemplo, pone la foto de una piedra en las redes sociales alguien dirá que es otra cosa. Vivimos tiempos difíciles para ponernos de acuerdo. Los personajes de Warner Bross y de Disney Studios van desapareciendo, censurando a algunos de sus personajes clásicos por ser muy violentos. 

Todas las personas en las redes sociales tienen voz y opinión sobre cualquier aspecto del quehacer humano, y todas tienen probablemente algo de razón. El problema es que las empresas ya no tienen fácil elegir una campaña publicitaria 100% exitosa y que no tenga detractores o “Haters” (como se le denomina a las voces disidentes en las redes sociales).

No todas las personas expresan su opinión por las redes sociales, y no lo hacen quizás por no darle importancia o no tener tiempo. Y esos que no opinan son clientes tan importantes como los 900 que indicaba anteriormente (y que obviamente sí que opinan por las redes sociales). Si la empresa no tiene forma de saber lo que realmente piensan sus clientes pueden perder millones de euros por una mala planificación de la estrategia publicitaria. 

Si una empresa contrata a una modelo muy flaca muchos la criticarán porque ahora están de moda las modelos “Curvy”, es decir con sobrepeso, ambos puntos de vista son razonables. Y no entro a profundizar sobre el incremento de subdivisiones que ahora tenemos como seres humamos (el, ella, elle, hibrido, etc.), todas muy válidas, pero que las empresas van a tener que entender más temprano que tarde si quieren estar al día con sus nuevos targets. 

No juzgo ni critico a ningún grupo, ni siquiera a los 900 y sus opiniones, solo pongo sobre la mesa un tema complejo pues las empresas hoy más que nunca deben ser “políticamente correctas” y para ello adaptarse al nuevo entorno. Entonces vuelvo a plantear la pregunta: ¿Tik Tok, Instagram o viceversa?

Prof. Dr. Andrés J. Arenas F. 

@prof.ajaf

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